En un cumpleaños, y cuando ya pasaba de los 40, mi hermano me regaló un maletín de iniciación al dibujo. Hasta entonces nunca había tenido contacto con las artes plásticas.

 

Al principio hacía cosas que deberían haber terminado en el cubo de la basura directamente, pero a mí me parecían auténticas obras de arte. Incluso había algunas personas, entre ellas mi hermano, que decían que no lo hacía mal. Esto, y el aburrimiento que me producía mi puesto de trabajo (en el cual dibujaba mucho y trabajaba cada vez menos), hizo que me fuera animando.

 

Ahora se ha convertido en la mayor de mis diversiones y casi, casi en una obsesión. Espero que con el paso del tiempo me pueda dedicar por completo a ello…

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